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La rica cultura birmana, la risa contagiosa de sus gentes y su variados paisajes deberían hacer de Myanmar uno de los destinos favoritos de cualquier viajero. Y sin embargo no es así.
Myanmar está formada por una serie de regiones muy dispares, bajo el control de una férrea dictadura, que es la que mantiene unida la nación. La mayor parte de las fronteras, y áreas fronterizas están cerradas, así como otras zonas del país.
En 1988 los dictadores sofocaron un levantamiento popular y mataron a más de cinco mil personas. Los dirigentes del movimiento democrático que sobrevivieron fueron encarcelados.
La presidenta legítima, Aung San Suu Kyi, aconseja no visitar el país, ya que muchas de las atracciones turísticas han sido restauradas gracias a los trabajos forzados, y parte del dinero que el turista gaste en el país irá a parar a manos de la Junta Militar.
Sin embargo hay quien opina que el turismo es beneficioso para el pueblo. Los abusos contra la población son menores cuando hay extranjeros que puedan ser testigos.
Así que tú decides si viajar o no, pero si lo haces, por favor, intenta que la mayor parte de lo que gastes se reparta lo más posible. Intenta alojarte en hoteles privados, y evita los viajes organizados por Myanmar Travel and Tours, propiedad del gobierno. Y compra los recuerdos directamente a los artesanos, no en las tiendas oficiales.
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